La fuente de nuestra seguridad en un mundo cambiante

Cada vez se inicia con más antelación la época de las compras navideñas y se prolonga con el periodo de las rebajas de invierno. En uno de estos días, envuelta por los convencionalismos culturales, me sentí empujada a hacer regalos a mis seres queridos. Como soy una persona de cierta edad, aún me resisto a realizar todas mis compras por Internet, además, contando con mi lucha interior para no verme empujada por el consumismo feroz, cometo el error de dejarlo todo para última hora, lo que ha supuesto que me haya encontrado abarrotados los comercios. Sin embargo, este no ha sido el mayor de mis problemas. Tanto si navego por Internet como si emprendo la aventura de recorrer distintos establecimientos, lo que viene siendo una constante que me abruma, es la cantidad de opciones que se nos presentan a la hora de elegir y esto me ha llevado a una reflexión que puede tener que ver con el origen y mantenimiento de algunos de nuestros problemas psicológicos más frecuentes.

Creo que en ningún otro momento de la historia de la humanidad, las personas hemos tenido tantas posibilidades de elección, y no me refiero solo en lo material, por ejemplo: una de mis compras era chocolate para hacerlo a la taza, nunca imaginé el galimatías que se me iba a originar: ¿tableta, soluble, instantáneo, con o sin gluten, negro, blanco, con naranja, bajo en calorías, esta o aquella marca…? Esta variedad de posibilidades alcanza todos los ámbitos de nuestra experiencia humana. La encontramos en cosas tan intangibles como la religión, los principios éticos, la ideología, la filosofía de vida… o en asuntos más mundanos, pero no menos importantes: la profesión, los estudios, la pareja, casarnos o “arrejuntarnos”, que se dice en mi tierra, vivir en la ciudad o los alrededores, llevar a mis hijos/as a este o aquel colegio, qué actividad extraescolar será la que les ayude a obtener más éxito en la vida, qué libro leer, qué propósito/s de año nuevo asumo, etc.

No me extraña que seamos una sociedad crónicamente estresada, que suframos ansiedad y depresión. A mayor rango de elección/ mayor grado de incertidumbre, y, aunque las soluciones que se nos proponen para remediarlo, también son múltiples, lo que tengo claro es que todo pasa por el cultivo de la consciencia, cuanto mayor sea el número de elecciones y decisiones que tengamos que hacer, mayor será el nivel de consciencia que se requerirá, sobre todo, si no queremos vernos envueltos y arrastrados por valores ajenos u objetivos que no son propios ni tienen que ver con nuestra esencia y que, por supuesto, nos alejarán de la alegría y de una sensación de satisfacción vital interna más sana y auténtica.

Necesitamos tener mayor consciencia de quiénes somos, cuáles son los valores que nos guían, qué es lo que esencialmente nos importa, reconocer, potenciar y confiar en nuestros recursos para adaptarnos a los retos que se nos plantean, asumir la propia responsabilidad de nuestras vidas y de las elecciones que tomamos y las consecuencias de nuestros actos.

Esta es la elección y la firme determinación de nuestro centro, contribuir y acompañarnos en la aventura de la transformación personal para vivir con mayor consciencia. El bienestar y la salud mental es un derecho universal, vayamos pues a alcanzarlo sin obviar que en un mundo donde el conocimiento y las opciones se multiplican a una velocidad trepidante, nuestra seguridad vendrá de la confianza en nuestra capacidad de aprender a vivir conscientemente.

 

Carmen Verdejo

 

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